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Postales turismo Tierra del Fuego

 

Los colores del Lago Escondido:

En plena cordillera, atrae con su entorno de exuberante naturaleza. Los intensos tonos de sus aguas y de sus cerrados bosques.

Ezequiel Sánchez: esanchez@clarin.com

Después de la asfaltada Ruta Nacional 3, unos kilómetros de ripio, en bajada, acercan hasta el espejo de agua. Mientras, el bosque dialoga con las brisas primaverales, lanza una risa con voz de pájaro cauquen. Todo huele a hojas mojadas, a madera añeja, a humedad vegetal, a rocío.

Ningún color, por sí solo, es suficiente para describir los tonos del agua del Lago Escondido, bien oculto en el corazón de Tierra del Fuego y en plena Cordillera de los Andes, atravesado por el sol de la mañana, que se descubre detrás de los cerros. Todos los tonos se mezclan en un único y leve instante, en el momento mágico en el que, asomado a los 433 metros de altura del Paso Garibaldi, uno hunde sus pupilas allá abajo, en el agua, y en los verdes, rojos y amarillentos bosques subantárticos que lo enmarcan. Como en un espejo, el cielo, sus soles y sus nubes se pueden mirar, inmóviles, en la superficie del lago cristalino, puro y serpenteante. La bruma de la mañana hace que el límite entre el agua y la otra orilla se pierda.

Los rayos luminosos piden permiso entre las hojas purpúreas de los ñires, extendidos en un frondoso bosque a lo largo de 200 km fueguinos. Las lengas, de un rojo cobrizo, se elevan 30 metros sobre el suelo; de finos troncos y aristocrático porte, se apretujan en cerrada multitud. Los guindos, algo melancólicos y grises, en la orilla, observan la llegada del agua. Mientras, verde, el césped besa el borde del lago, y un poco más allá, troncos de árboles flotan sobre el agua helada. En la orilla, otros, secos, permiten sentarse en la orilla y contemplar un paisaje de cuento.

Si en primavera se ven aquí, pálidos, los primeros retoños, hacia el verano, los tonos del bosque en el Escondido se vuelven verdes intensos, celestes indiscutibles. En otoño, el lago y sus bosques se vuelven rojos, amarillos y naranjas cambiantes. En invierno, claro, hay nieve y blancura. Permanecen todo el año agua y viento, naturaleza desnuda. Se recomienda un paseo a pie, subiendo senderos montañosos, cruzando los bosques a campo traviesa: es posible estremecerse al oír el sonido del silencio.

La noche pide un paseo a orillas del Escondido, donde todo el silencio da vértigo. No se divisa nada allá lejos, y el bosque es un territorio único para hacer despertar los sentidos; el ritmo acompasado del agua golpetea sobre el pedregullo. Y si tanta oscuridad sobrecoge, ahí está la luna, más enorme y amarilla que nunca; el Escondido se pintó de negro, y un gigantesco plateado inunda su centro

Fotos y más información >>

Fuente Diario Clarin

 
 
   

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